Los derechos humanos se convirtieron en el arma del imperialismo para desestabilizar gobiernos y abrir economías al saqueo neoliberal. Por Eduardo Vasco desde Brasil
Eduardo Vasco El sistema capitalista mundial corría un grave peligro de derrumbe desde la crisis del petróleo de 1973. La fuerte desestabilización de la economía global, que ya venía desarrollándose en los años anteriores, condujo al colapso del régimen económico —y, por extensión, del régimen político— de diversos países. Las dictaduras fascistas de Portugal y España cayeron rápidamente, la dominación colonial en África se evaporó y movimientos revolucionarios tomaron el poder en Angola, Mozambique, Nicaragua e Irán. Por muy poco no se implantó la dictadura del proletariado en la Península Ibérica —lo que habría tenido consecuencias potencialmente fulminantes para el resto de Europa Occidental—, en un momento de insurgencias armadas en Italia y Alemania. Ni siquiera el llamado “Telón de Acero” escapó a la oleada revolucionaria: el monolitismo estalinista en Polonia demostró ser una simple hoja de parra, arrancada por las explosivas huelgas en los astilleros de Gdansk, que señalab...