Martires de Chicago. Por: Carlos del Frade desde Argentina
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| Carlos del Frade |
Cuando le tocó hablar ante la Corte, sostuvo: “Repito que soy enemigo del orden vigente y con todas mis fuerzas, repito que mientras aliente un soplo de vida lo combatiré. Declaro otra vez, franca y abiertamente, que soy partidario de los métodos de fuerza. He dicho y lo sostengo que si vosotros empleáis contra nosotros fusiles y cañones, nosotros emplearemos contra vosotros la dinamita.
Os reís probablemente porque estáis pensando ya no arrojarás más bombas. Pues permitidme que os asegure que muero feliz porque estoy seguro de que los centenares de obreros ante quienes he hablado recordarán mi palabra y, cuando hayamos sido ahorcados, ellos harán estallar la bomba.
¡Os desprecio!. ¡Desprecio vuestro orden, vuestras leyes, vuestra autoridad sostenida por la fuerza!.
Ahorcadme por esto”. -Ya he expuesto mis ideas. Ellas constituyen una parte de mi mismo.
No puedo abominar de ellas, ni tampoco lo haría aunque pudiese. Y si pensáis que habréis de aniquilar esas ideas que día a día ganan más y más terreno, enviadnos a la horca.
¡Si una vez más aplicáis la pena de muerte por el delito de atreverse a decir la verdad –y os desafiamos a que demostréis que hemos mentido alguna vez- yo os digo que si la muerte es la pena que imponéis por proclamar la verdad, entonces estoy dispuesto a pagar tan alto precio, orgullosa y bravamente!.
¡Llamad a nuestro verdugo, ahorcadnos, la verdad crucificada en Sócrates, en Cristo, en Giordano Bruno, en Galileo, vive aún. Estos y muchos otros nos han precedido en el pasado. Estamos presto a seguirlos – dijo Auguste Spies, ante el tribunal, en noviembre de 1887.

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