Como Maceo en Baraguá ni plazos, ni condiciones, ni rendición. Por Eduardo Miguel Álvarez Estévez desde Cuba

Marco Rubio habló con Axios. Puso un plazo: dos años y medio. Dijo que para el final de la administración Trump, Cuba estará en una "senda irreversible hacia un futuro diferente". Dijo que no hay válvulas de escape. Dijo que cada mecanismo que creemos para sobrevivir será cerrado. Dijo que no podemos esperar a que se vayan.

Y yo le respondo como respondió Maceo en Baraguá: no nos vamos a rendir. No aceptamos plazos. No aceptamos condiciones. No aceptamos su "futuro diferente" porque ese futuro es la esclavitud disfrazada de libertad.

Lo que Rubio quiere

Quiere quebrarnos en dos años y medio. Quiere que cuando Trump salga de la Casa Blanca, ya no haya vuelta atrás. Quiere que el próximo presidente, sea quien sea, encuentre una Cuba de rodillas. Quiere cerrar todas las puertas, asfixiarnos, aislarnos, rendirnos por hambre.

Lo dice sin vergüenza: "Cada vez que crean un nuevo mecanismo con el que intentan salir del cerco, simplemente lo cerramos". Lo dice como el carcelero que presume de su celda. Como el verdugo que exhibe su hacha.

Lo que Rubio no entiende

No entiende que Cuba no es una empresa que se compra con sanciones. No es un "régimen" que se desmorona con plazos. Es un pueblo. Y los pueblos no tienen fecha de caducidad.

Maceo no preguntó cuántos años duraría la lucha. No pidió condiciones. No negoció plazos. Cuando le ofrecieron la paz sin independencia, la rechazó. Cuando le dijeron que era imposible, siguió combatiendo.

Así somos. Así hemos sido siempre. Así seremos.

Mi respuesta a Axios, a Rubio y a CiberCuba

Dice Rubio que no podemos esperar a que se vayan. Claro que podemos. Llevamos sesenta años viendo pasar presidentes. Kennedy vino y se fue. Nixon vino y se fue. Bush, Obama, Biden. Ahora Trump. Todos vinieron con sus plazos, sus sanciones, sus planes maestros. Todos se fueron. Cuba se quedó.

Dice Rubio que no hay válvulas de escape. Mentira. Nuestra válvula de escape es la solidaridad internacional que ustedes no pueden bloquear. Es la inventiva de un pueblo que hace luz de la oscuridad. Es la memoria de los que no se rindieron. Es la certeza de que su imperio también tiene fecha de caducidad.

Dice Rubio que en dos años y medio estaremos en una senda irreversible hacia su futuro. ¿Cuál futuro, Marco? ¿El de Venezuela, con Delcy Rodríguez reuniéndose con los sionistas que masacran palestinos? ¿El de las colonias que aplauden a su amo? Ese futuro no es el nuestro. Nuestro futuro lo decidimos nosotros.

Lo que yo sostengo

Rubio quiere que le pongamos fecha a nuestra rendición. Que aceptemos el final de la administración Trump como un horizonte de derrota.

Pero nosotros no tenemos fecha de caducidad. No tenemos precio. No tenemos miedo.

Como Maceo en Baraguá, le decimos no. No a sus plazos. No a sus condiciones. No a su futuro de sumisión.

Dentro de dos años y medio, cuando Trump ya no esté, aquí seguiremos. Con la misma bandera. Con la misma dignidad. Con la misma Revolución.

Y usted, Marco Rubio, será un recuerdo amargo. Un nombre en la lista de los que intentaron doblegarnos y fracasaron.

Patria o Muerte. Venceremos.

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