Quiero elecciones que sean nicaraguenses. Por Moisés Absalón Pastora
La constitución política para cualquier país representa la más grande de todas sus leyes; es el principio y el fundamento de todo lo que lo norma; es el más grande pacto social entre el gobierno y los gobernados.
La constitución política es el reglamento único por el cual se organiza y funciona el Estado desde sus instituciones y órganos que deciden desde marcos definidos las obligaciones de los gobernantes elegidos y los derechos de los gobernados que eligieron.
La constitución política define el ámbito funcional de las estructuras con las que se auxilia el gobierno para ser efectivo en su servicio y para cortar cualquier abuso de quienes detentan el poder administrativo o de aquellos que en calidad de gobernados atenten o desconozcan el espíritu de su letra y las reglas de convivencia.
El que desde un inicio haya invocado a la Constitución Política se debe a que la nuestra está próxima a una sustancial reforma que tiene por propósito fundamental la estabilidad que garantice la ejecución de cienes de proyectos en construcción con blindajes que Nicaragua requiere para avanzar en su guerra contra la pobreza lo que solo se logrará en paz.
Las reformas constitucionales que asoman y que están ahora mismo en consulta con 27 fuentes de opinión y conocimiento que tienen que ver con el tema van a definir meridianamente las elecciones nacionales que serían en el 2028; la extensión del periodo de gobierno que pasaría de 5 a 7 años lo que será aplicado igual para las elecciones municipales y regionales; y el cambio de fecha para la toma de posesión de autoridades nacionales electas que pasaría del 10 al 18 de enero en honor a nuestro poeta universal, nuestro antiimperialista y príncipe de las letras castellanas, Ruben Dario, un orgullo inspirador de nuestra nicaraguanidad cuya imagen ocupará un centro preeminente en la solemnidad de un acto que representará mucho en el protocolo de nuestra democracia.
Desde mi punto de vista la democracia, siempre lo he dicho, no es política, es integral; no es un cliché de plaza pública o un concepto ideológico, sino un cuerpo sujeto a formas siempre perfectibles que sean caminos y respuestas para los que andamos en el camino yendo hacia ella.
Una parte que tiene que ver con la democracia y aunque no necesariamente su todo son las elecciones, el derecho a elegir y el derecho a ser electos. Luego entonces las elecciones desde su principio fundamental son determinantes y por ser una expresión muy beligerante en su acción quiero aportar a lo que creo yo es ese gran privilegio de decidir, cómo decidir, por quien decidir y sobre qué decidir.
Debo reconocer entonces que toda elección es el mecanismo formal de un pueblo para elegir a personas capaces para ocupar cargos públicos en el contexto de una democracia representativa donde los procesos pueden ser cercanamente parecidos a extremadamente diferentes que se establecen de acuerdo a las leyes, particularidades, tradiciones, costumbres o idiosincrasia en cada país.
Las elecciones nos permiten a los electores expresar nuestras preferencias políticas mediante el voto, eligiendo entre una o varias opciones, ya sean partidos políticos, candidatos individuales u otras formas de representación y este proceso puede consumarse cada 4,5,6 o 7 años, aunque hay naciones también donde por haber monarquías no hay elecciones y en su lugar grupos de personas designan a encargados o primeros ministros.
En Nicaragua tenemos elecciones presidenciales de un copresidente y copresidenta o a la inversa; en esa misma elección decidimos por diputados ante el órgano legislativo, la Asamblea Nacional y diputados al Parlamento Centroamericano; tenemos elecciones el 153 municipios donde elegimos a alcaldes y concejales un año después de la nacionales y tenemos elecciones regionales en el Caribe Norte y Sur un año después de las municipales, es decir, en nuestro país, muy por encima de otros, tenemos una enorme cultura, experiencia, tradición y agilidad electoral porque sus resultados están prácticamente a la distancia de la inmediatez por el avanzado sistema que tenemos.
Cuando hablo de sistema no solo me refiero a la mecánica que transfiere los votos la noche de cada elección, sino al proceso en sí, marcado por una transparencia certificada por los partidos en contienda a través de sus fiscales que son los verdaderos vigías y observadores de sus intereses en el recuento final de los votos y como constitucionalmente vamos hacia una reforma a la carta magna en el ámbito electoral quiero opinar sobre el tema en una forma amplia porque hay quienes están agarrando el rábano por las hojas creyendo que siendo repugnados pueden llegar a ser electos.
Sin duda debo decir que las elecciones en Nicaragua deben ser libres y digo libres en el sentido donde el miedo que pretende inocular el odio no tenga cabida; Deben ser transparentes y ajenas a la manipulación de los que ya las pretenden ensuciar creyendo que van a ser parte de ellas; deben ser competitivas en propuestas que animen y entusiasmen al elector como constructor del futuro para que este cierto que los aspirantes a dirigir al gobierno sean legítimos nicaragüenses que merezcan moralmente estar en una boleta de votación.
Como aspiración democrática, un proceso de votación justo necesita cumplir con pilares fundamentales que garanticen que la voluntad del pueblo sea respetada de manera genuina y eso implica revisar como nunca antes a quienes las mal llamadas elecciones “democráticas” fueron capaces de llevar al poder en tiempos pasados de nuestra historia para que nunca más esa tragedia se vuelva repetir.
Aquí hemos tenido dinastías como la de los Chamorro y los Somoza que llegaron al poder a través de “elecciones”; Aquí tuvimos a un presidente norteamericano, William Walker, al que los entreguistas le permitieron imponer la esclavitud, pasarse nuestra institucionalidad por el arco del triunfo y después pegarles fuego; aquí tuvimos a lacayos vulgarmente arrastrados como Adolfo Diaz que reencarnó años más tarde en el ario Enrique Bolaños Gueyer; aquí tuvimos un dictador graduado en la West Point que terminaron siendo en último marines del ejército de Estados Unidos al que tuvimos que sacar a balazos para hacer la revolución de 1979 y en el 2018 aparecieron otros de igual o peor calaña sobre los que tengo mucho que decir.
De los que hablo son los que se quieren vestir de angelitos siendo vampiros que dicen estar formando partidos porque serán candidatos pero en realidad son vagos profesionales que cuando supieron que la política ya no alcanzaba para el faraónico nivel de vida que tenían, al menos los de sangre azul porque la mayoría fueron tontos útiles al servicio del más rancio oportunismo, decidieron abrirse el pecho mercenario para que el amo no solo les disparara con gruesos misiles financieros sino les prometiera la presidencia, los ministerios, las diputaciones, las magistraturas, los cargos como contralores, las direcciones de entes autónomos y claro las alcaldías y concejalías y esto los entusiasmó tanto que ya se miraban como en tiempos de Somoza, de la Violeta, de Arnoldo y del tristemente célebre de Enrique Bolaños, robando a manos llenas porque todos ellos fueron eso, asaltantes de cuello y corbata para los cuales todo era “san venga” y nada de ”san doy” porque tienen largas crónicas en las hemerotecas dónde están retratados como rateros se le bebían la sangre en pajilla a cualquier institución o simplemente quebraban un banco porque depredaban desde lo público hasta lo privado.
A estos Drácula, a los que se les ocurrió que pueden regresar y formar partidos y ser candidatos después de haber pretendido el golpe de estado del 2018; después que nos ahogaron en sangre asesinando a gente inocente; que casi destruyen al país en tres meses; que ocasionaron 27 mil millones de dólares en pérdidas; que movieron sus patas a Washington para pedir sanciones contra Nicaragua y peor aún la intervención e invasión directa de Estados Unidos en territorio firme nicaragüense, hay que decirles con toda claridad que no están en la foto de las próximas elecciones por traidores a la patria y porque no son nicaragüenses.
Ellos pintan estar envalentonados porque la mentira tergiversó el mensaje del Comandante Daniel Ortega alrededor del tema de las elecciones cuando lo que quiso decir es que aquí no habrá elecciones donde traidores, vendidos, asesinos, terroristas, torturadores, golpistas, violadores de los derechos humanos, tranqueros, pirómanos, mercenarios de la comunicación o falsos religiosos pretendan ser postulantes a cargos de elección popular porque además de lo anterior es que ninguno de esos es nicaragüense.
Que hay gobiernos al servicio, ya saben de quien, que se fascinan lamiendo el casco del hegemon, pues no hay problema, que ellos hagan sus elecciones con sus traidores, vendidos, asesinos, terroristas, torturadores, golpistas, violadores de los derechos humanos, tranqueros, pirómanos, mercenarios de la comunicación o falsos religiosos y que además no sean costarricenses, colombianos, brasileños, dominicanos, uruguayos, chilenos, argentinos, guatemaltecos o europeos porque si en eso están de acuerdo sus pueblos, pues nosotros los nicaragüenses, que además soberanamente resolvemos nuestros asuntos, tampoco nos metemos en los problemas de los demás que por supuesto son muchos.
Aquí la transparencia de nuestras elecciones parte de la irrenunciable búsqueda de la paz y la estabilidad. Es por esos factores que esta, la mejor patria de todos los tiempos es lo que es y si queremos más de lo que hemos logrado hasta hoy en nuestra perfectible democracia entonces siempre iremos más allá.
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.
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